¿Estresadas?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Amig@s  el “Estrés” está de moda, y vino para quedarse, es un tema recurrente en nuestro mundo moderno; la vida está muy acelerada y nosotros vamos corriendo tras ella.

Pero, ¿qué es el estrés? El estrés, contrariamente a lo que se cree, es una defensa natural del organismo contra situaciones límite que se nos presentan cotidianamente.

La expresión “estrés” deriva del vocablo latino “stringo” (apretar), y éste del griego “sfigo” (apretar). Esta palabra se usó por primera vez en el siglo 14, a partir de ahí, se empleó en textos en inglés como “strest, stresse, strest y straisse”. Luego se castellanizó a la forma en la que la conocemos hoy: Estrés.

Mencionamos que el significado de estrés, no es tan malo como parece, a este tipo de estrés se le conoce como estrés positivo Eusttres:

Este es una parte esencial de la vida humana. En muchos aspectos no podemos evitarlo. Nos ayuda a estar atentos, nos prepara para sortear distintas situaciones con las cuales nos enfrentamos. Situaciones de peligro agresivas, tales como un ataque a nuestra integridad física:

El cuerpo suelta una gran cantidad de adrenalina en el torrente sanguíneo que provoca una respuesta rápida instantánea, pues prepara al individuo para responder oportunamente ante la agresión y ponerse a salvo. Situaciones de peligro, desarrollan una fuerza insospechada, se saltan grandes obstáculos, o se realizan maniobras prodigiosas, para salir libres de estos obstáculos. En síntesis, es una reacción fisiológica del organismo ante determinadas situaciones.

Dicho de otra forma, esta respuesta es parte normal de la preparación del organismo para el enfrentamiento o para la huida. Así, por ejemplo, las pupilas se agrandan para mejorar la visión y el oído se agudiza, los músculos se tensan para responder al desafío, las frecuencias cardiaca y respiratoria aumentan de manera que la sangre es bombeada en forma más abundante y rápida para aumentar la llegada de oxígeno a las células y favorecer la demanda de las respuestas al peligro. Para ello la sangre es dirigida a áreas prioritarias, como lo son corazón, pulmones, riñones, hígado, músculos grandes y el cerebro. Funciones no prioritarias en ese momento, como la digestión y circulación periférica son disminuidas en forma dramática.

La Organización Mundial de la Salud (O.M.S.) postula que el estrés es “el conjunto de reacciones fisiológicas que prepara al organismo para la acción”.

Para Richard Lazarus (1966) sería “el resultado de la relación entre el individuo y el entorno, evaluado por aquél como amenazante, que desborda sus recursos y pone en peligro su bienestar”.

 

El problema se genera, cuando se da una sobreacumulación del mismo y termina generando problemas de salud colaterales que pueden llegar a ser bastante graves. Por ejemplo, hay situaciones normales de la vida cotidiana que provocan estrés, pero no llegan a enfermar, ir al ginecólogo, dentista, etc.

Lo que en realidad ocurre es que las personas se estresan cuando perciben que  un estímulo ambiental amenaza su propio bienestar y las incapacita para hacerle frente de una manera adecuada.

Por otra parte, nos estresamos por la presencia de estresores que son los estímulos que sobrecargan al individuo y le producen una respuesta biológica y psicológica de estrés. Cuando un estímulo es amenazante para la salud y el bienestar general de la persona, y además hace que el individuo sienta que su capacidad de sobrellevarlo es reducida, entonces, se está ante la presencia de un estresor.

“Richard Lazarus” nuevamente sostiene que el “estrés es una condición o experiencia emocional que se da cuando la persona percibe que la demandas exceden los recursos personales y sociales que el individuo es capaz de movilizar”. Por lo tanto, se produce estrés, cuando el individuo se ve desbordado y no se siente capaz de afrontar a las presiones del día a día.

Tres décadas de estudio hay dedicadas al estrés. Existe mucha información acumulada, muchas teorías en relación al origen y consecuencias de éste. Se ha podido determinar entonces que existen diferentes tipos o manifestaciones del estrés; en oportunidades las personas tienen una combinación de reacciones, lo que da lugar a la ansiedad, la angustia y la depresión. (Miguel Ángel Núñez 2006)

Según Núñez, existen diferentes tipos de estrés, que nos conviene describir, y que seguramente serán de nuestra atención:

Estrés de supervivencia: Por lo general, Es secundario a enfermedades crónicas, enfermos anímicamente inestables que se estresan físicamente y emocionalmente.

Estrés laboral: A raíz de la competitividad o la sobre exigencia de las empresas hacia sus trabajadores este tipo de estrés ha ido en aumento en las últimas décadas. Es causado por fatiga, y por sobrecarga laboral, por presiones del tiempo.

Agregaría algo importante a este comentario, y está relacionado con nuestro trabajo espiritual y administrativo en nuestras Iglesias, el no poder cumplir por falta de tiempo ante las demandas de nuestros hermanos que necesitan de nuestro consejo, visita o ayuda de diversa índole. O tal vez, metas muy altas que nos hayamos propuesto, nos puede también llevar a estados de estrés. Pareciera que fuese pecado afirmar que eventualmente pudiéramos padecer de esta enfermedad, pero también reconocerlo producirá una confesión al Señor que pronto El no tardará en atendernos, tal como es su promesa, Él es y será nuestra paz. (Efesios 2:14)

Estrés químico: El cuerpo también se puede estresar por la alimentación inadecuada, muy pocas veces se relaciona este tópico con el estrés. El consumo de bebidas cafeinadas, (mate, café) alimentos, bebidas azucaradas,  chocolate dulce, o alto consumo de sal. La causa es que el cuerpo está en condiciones desventajosas para enfrentar los estresores de cada día.

Estrés por factores ambientales: Este problema no se desencadena por causas relacionadas con la persona; Por ejemplo, la invasión del espacio personal, hacinamiento o espacio insuficiente para vivir, esto es muy frecuente en familias de escaso recursos, y creo que como pastoras deberíamos estar atentas a este factor. También se puede producir por contaminación acústica, ruidos persistentes y que no ayudan al descanso. Los lugares donde hay suciedad, habitaciones en desorden.

Estrés por intoxicación: Esto se refiere al alcohol, al tabaco, y  los tranquilizantes. Se incluye acá las drogas utilizadas a nivel mundial y llamadas “legales”, éstas van provocando un deterioro físico que inhibe al cuerpo para reaccionar de manera normal ante los estresores.

Estrés por factores hormonales: Vivimos afectadas por procesos hormonales, éstos provocan en nosotras alteraciones físicas; la pubertad, y la adolescencia hacen que las personas jóvenes tengan menos tolerancia que los adultos a situaciones estresantes. Para que hablar del síndrome premenstrual, éste afecta más a algunas mujeres que a otras, produciendo una descompensación hormonal que  provoca una respuesta inadecuada al agente estresor. Cambios hormonales post parto, el fenómeno de la menopausia que supone todo un cambio hormonal en una mujer adulta.

Estrés por empatía: Cuando se asumen responsabilidades por las acciones de otras personas, se está vulnerable al estrés. Por ejemplo, padres que se responsabilizan por las acciones de sus hijos, o hijos mayores que se ven obligados a atender o afrontar lo que hacen sus hermanos mayores.

Bien, como Ustedes han podido leer, son muchos los factores  desencadenantes de la enfermedad de este siglo,  estamos expuestas a ello. Por lo tanto es bueno que estemos informadas, pero siempre hay para nosotras Buenas noticias, y éstas, se encuentran impresas en la “Palabra de Dios”, pero es menester que primero, esté  impresa en nuestro corazón.

Con cariño

Alicia

Aspectos a considerar sobre la Metacognición


“¿Y cómo buscarás, OH  Sócrates, lo que tú ignoras

totalmente? Y de las cosas que ignoras, ¿cuál te

propondrás investigar? Y si por ventura llegas a

encontrarla, ¿cómo advertirás que ésa es la que tú no

conoces?”

 “Entiendo qué quieres decir Menón…, Quieres decir

que nadie puede indagar lo que sabe ni lo que no sabe;

porque no investigaría lo que sabe, pues lo sabe; ni lo

que no sabe, pues ni tan siquiera sabría lo qué debe

investigar.”

 

Diálogos De Platón “Menón”

 

 

ÁREA: EDUCACIÓN SUPERIOR

TEMA: Metacognición y Rendimiento Académico

 

PALABRAS CLAVES: Metacognición. Cognitivismo.  Capacidad metacognitiva. Procesos metacognitivos. Estrategias metacognitivas. Rendimiento académico.

Las Universidades desde su temprana creación en la Europa Medieval, han sido depositarias de múltiples demandas y expectativas originadas en los ámbitos de la economía, la política, la sociedad y la cultura. Han acompañado las transformaciones sociales, y participado en su orientación y movilización  (Rodríguez Gómez, 1998).

En Latinoamérica al igual que en Chile, la calidad de la educación es tema recurrente en la discusión política actual y de los expertos en el tema. En la misma medida que el nivel escolar ha extendido su cobertura y mejorado las tasas de retención y graduación, esta ampliación de la demanda ha operado como el principal factor de masificación y diferenciación dela Educación Superior.De hecho, los sistemas de educación superior de la región, hasta ayer dotados de una estructura relativamente  simple, y caracterizados por una baja diferenciación institucional, han devenido en sistemas altamente complejos. Así, mientras en 1950 no existían más que 75 universidades en la región, y sólo un puñado de Institutos de Educación Superior (IES) no universitarios, en la actualidad existen más de cinco mil IES, incluyendo alrededor de 900 universidades. (Brunner, 2002).

 

Esta masificación de la educación superior, conlleva a la interrogante acerca de la calidad dela Educación Superior que se está entregando a  los estudiantes y  su coherencia con la  demanda laboral. Ligado a la calidad de la educación está la demanda  de matrícula en la educación superior que se ha ampliado sostenidamente porque el nivel escolar ha extendido su cobertura y mejorado las tasas de retención y graduación; antes de esta ampliación de la matrícula, el acceso estuvo restringido a individuos originarios de estratos económicos  superiores, la institución universitaria cumplió una formación conservadora de reproducción de desigualdades social

Es relevante que las instituciones de educación superior que  están naciendo a la sociedad, no se orienten solo en “crecer” en el número de matrículas y de oferta de  profesiones; no persigan un beneficio económico como prioridad de su quehacer, el  lucro  no tiene nada de malo, siempre y cuando coexistan “mercado y calidad como dupla amistosa “ y desde nuestra opinión esto es  necesario, ya que los excedentes económicos son una dimensión importante para mejorar varios aspectos que redunden en beneficios para la formación de los futuros profesionales, lo que  puede obtenerse elaborando  una serie de estrategias, las que se ven favorecidas con un acabado conocimiento del alumnado por parte de los docentes, como también con el autoconocimiento por parte de los alumnos, de sus  fortalezas y debilidades.

Existe preocupación de nuestra casa de estudios de establecer una ventaja competitiva, articulando estrategias  que permitan:

  • El logro de estas ventajas
  • Mantenerlas en el largo plazo
  • Asegurarse de que los contenidos entregados sean aprehendidos, comprendidos, reflexionados, analizados  y aplicados correctamente.
  • Desterrar la permanencia de los alumnos dentro de las aulas producto  de rendimientos no esperados, que se materializan en largos años de estudiante y en el peor de los casos el abandono de la vida universitaria, con el consiguiente costo  y frustración tanto para el alumno como también para sus familias y el país.
  • Entregar a la comunidad, profesionales integrales, capaces de competir en el mercado laboral de igual a igual con sus colegas  formados en casa de estudios con más experiencia.

El no lograr lo enumerado anteriormente redundaría el aumento de la brecha que  ya  se observa cualitativamente en la opinión de la comunidad, al referirse a las universidades tradicionales versus las universidades privadas.

 

La Universidad donde me desempeño, ha decidido implementar la carrera de Enfermería en  una de sus sedes, concordante con la necesidad de estos profesionales a nivel país, desde esta perspectiva y también acorde a la discusión  en la contingencia  nacional, es que se hace relevante la preocupación de nuestra casa de estudios superiores de lograr establecer una ventaja competitiva por medio de la educación de calidad, articulando estrategias que permitan el logro de esta. Es  nuestra preocupación, fundamentalmente el tema de la permanencia de los alumnos en la universidad, tanto por  los años  sobre lo  planificado en  el currículo, como por su “sobrevivencia”, producto de sus dificultades académicas. Al respecto, nuestro temor es que a mediano plazo, la aparente falta de ocupación actual, de los educadores de conocer a su alumnado, de  satisfacer sus necesidades personales  de conocimiento , mediante  técnicas que le permitan  apoderarse del saber, no como  reproductores de conocimiento, sino como  estudiantes reflexivos, analíticos y críticos  positivos, se traduzca en obtener profesionales de menor categoría, por  la desventaja que puedan presentar ante sus  iguales,  egresados de  otros establecimientos de Educación Superior, que si hayan elaborado estrategias  para  permitir el pleno desarrollo de las potencialidades de aprendizaje de sus  estudiantes.

Los recursos cognitivos que posee el estudiante al enfrentarse al aprendizaje, nos lleva a considerar de forma relevante el significado que adquiere en este ámbito, la actividad metacognitiva. Según “Neisser”, la Cognición etimológicamente significa “Conocer” o “Estar consciente de algo, y Psicológicamente, es la representación interna de lo que se conoce; y cómo se conoce.

Por medio de los sentidos y un complejo sistema de interpretación y reinterpretación, la cognición incluye todos los procesos donde el “input” sensorial es transformado, reducido, elaborado, almacenado, recobrado o utilizado; a través de los procesos como la memoria, la percepción, las sensaciones, el pensamiento, el lenguaje, la conciencia y el aprendizaje. El “output” sería nuestro estudiante  consciente de su  forma de aprender, reflexivo, analítico, critico. Por este motivo consideramos que la educación debería orientarse al logro de “aprendizaje significativo” con sentido y al desarrollo de habilidades estratégicas generales y específicas de aprendizaje.

Según “Skinner” el Cognitivismo es el estudio del conocimiento, lo llamó también “mentalismo”, el conductivismo rechaza el estudio de la mente (caja negra), sólo se dedica al estudio de la conducta, no obstante, el Cognitivismo abre la caja negra. (Skinner, 1990)

Por lo tanto, el cognitivismo plantea la existencia de procesos mentales o cognitivos que relacionan los estímulos del ambiente, las experiencias, con la respuesta. Estas ideas parten aproximadamente en la década de los años 50, ideas que surgen de diferentes investigadores y teóricos, tales como “Piaget” y la psicología genética ; “Ausubel” y el aprendizaje significativo; la teoría de la “Gestalt”, luego “Brunner” y el aprendizaje por descubrimiento; y “Vygotsky” con su teoría Socio-histórica del aprendizaje, entre otros Todas estas ideas, tienen en común el enfoque en los procesos cognitivos, desde los años cincuenta y hasta la década de los ochenta, se desarrollaron muchas líneas de investigación y modelos teóricos sobre las distintas facetas de la cognición. El planteamiento de la teoría cognitiva se puede definir como el “aprehender”, que constituye la síntesis de la forma y el contenido recibido por las percepciones, las cuales actúan en forma relativa y personal en cada individuo, y que a su vez se encuentran influidas por sus antecedentes, actitudes y motivaciones individuales, por cierto, el aprendizaje a través de una visión cognocitivista es mucho más que un simple cambio observable en el comportamiento.

También en  la década de los 80 se replantea el concepto de metacognición y se distingue en su estudio dos aspectos o componentes centrales; el conocimiento sobre los procesos cognitivos (saber qué), relativo a personas, estrategias o tareas; y la regulación de los procesos cognitivos (saber cómo), relacionada con la planificación, el control y la evaluación de los procesos cognitivos. (Brown, Bransford, Ferrara y Campione, 1983).

Literalmente,“Metacognición” quiere decir: “Conocimiento acerca del conocimiento”, “Es poseer/lograr estados de conocimiento acerca de los propios estados de conocimiento”.

La Metacognición no es, pese a todo este aparato definitorio, un tema inventado por la psicología del siglo XX: pertenece de pleno a la vieja tradición filosófica que propugnaba el “Conócete a ti mismo”, y, en un irónico “volte-face”, nos retrotrae a la confesión decepcionante del “Sólo sé que no sé nada”.

 

La capacidad metacognitiva hunde sus raíces en la mente observadora, los investigadores establecen una distinción entre dos facetas de la Metacognición: conocer los contenidos del propio conocimiento y conocer los procesos que se aplican a esos contenidos.

Así por ejemplo, en el planteo de Flavell, la Metacognición implica el conocimiento de la propia actividad cognitiva y el control sobre dicha actividad. Es decir, conocer y controlar (Flavell, 1993):

  1. Conocer la propia cognición, quiere decir tomar conciencia del funcionamiento de nuestra manera de aprender. Por ejemplo: saber que extraer las ideas principales de un texto favorece la comprensión.
  2. Controlar las actividades cognitivas, implica planificarlas, controlar el proceso intelectual y evaluar los resultados.

Para Flavell el control que una persona puede ejercer sobre su actividad cognitiva depende de las interacciones de cuatro componentes: conocimientos metacognitivos, experiencias metacognitivas, metas cognitivas y estrategias.

 John Flavell es uno de los pioneros de la investigación en el área de la Metacognición y a él, con frecuencia, se le atribuye la paternidad del término, el cual utiliza para referirse tanto al conocimiento o conciencia que uno tiene acerca de sus propios procesos y productos cognitivos, como al monitoreo (supervisión sobre la marcha), la regulación y ordenación de dichos procesos en relación con los objetos cognitivos, datos o información sobre los cuales ellos influyen, normalmente al servicio de un objetivo o meta relativamente concreta (Flavell, 1976; p. 232).

Para otros autores como Costa, la capacidad metacognoscitiva es un atributo del pensamiento humano que se vincula con la habilidad que tiene una persona para: (a) conocer lo que conoce; (b) planificar estrategias para procesar información; (c) tener conciencia de sus propios pensamientos durante el acto de solución de problemas; y (d) para reflexionar acerca de y evaluar la productividad de su propio funcionamiento intelectual. (Costa, 2001)

     

Por otro lado y relacionado a lo anterior, el aprendizaje depende de factores como la estructura cognitiva previa del estudiante, la cual se relaciona con la nueva información, por tanto, en el proceso enseñanza aprendizaje es fundamental considerar la estructura cognitiva (conjunto de conceptos e ideas que un individuo posee de un determinado campo de conocimiento) del estudiante. (Ausubel, 1978), ya que según la teoría existente, los conocimientos previos que poseemos en determinado campo serán utilizados como base de conocimientos locales por los procesos metacognitivos específicos; y los conocimientos generales acerca del mundo y la realidad serán utilizados por los procesos metacognitivos generales para conseguir el último objetivo del aprendizaje, su transferencia a nuevos campos y su poder para modificar los esquemas de realidad que poseemos.

En este sentido, consideramos al alumno, como un sujeto activo procesador de información, que posee competencia metacognitiva para aprender y solucionar problemas, donde dicha competencia, a su vez, debe ser fortalecida y/o desarrollada.

 Definiendo Enfermería como “ciencia, arte y disciplina”, es de suma importancia que  nuestros alumnos, develen  su propia  elaboración de pensamiento y aprendizaje;  en pro de este aprendizaje y de su desarrollo profesional y personal, lo que  desde el punto de vista didáctico; se caracteriza por afectar la triple dimensión de la persona: cognitiva, afectiva y efectiva, esto es; el saber, el ser y el hacer. (Alfaro-LeFevre, 2003)

Como docentes partimos de la idea que un “alumno activo” aprende significativamente,  puede aprender a aprender y a pensar.  Los maestros debemos actuar como mediadores, guiando a los alumnos a descubrirse a sí mismos y a mejorar sus procesos metacognitivos:

                                                                                                                             
DISCENTE

desarrollar y fortalecer

(capacidades metacognitivas) 

APOYO DOCENTE

 

Es importante señalar también que, según la literatura existente, la Metacognición se trata de procesos autorregulatorios del funcionamiento de procesos cognitivos más específicos, autorregulación que tiene una importancia capital en el aprendizaje y constituye los sistemas de alerta y de conciencia que han de acompañar a toda labor intelectual. Su ausencia en los alumnos y alumnas provoca grandes pérdidas de tiempo en el estudio, con pobres resultados. Su presencia, de acuerdo a algunos estudios, se correlaciona con una alta capacidad intelectual, eficacia y eficiencia en el trabajo.

Las estrategias metacognitivas pretenden la mejora del funcionamiento de los procesos metacognitivos generales de autoconocimiento y autocontrol del sujeto en las tareas de aprendizaje. Las estrategias metacognitivas generales se refieren a las variables de los procesos metacognitivos generales recién mencionados, como son las estrategias de conocimiento del sujeto, de la tarea y de la estrategia; así como las estrategias de control referidas a la planificación, supervisión y evaluación de los procesos cognitivos presentes en los aprendizajes.

Un tema central en la investigación de la Metacognición ha sido su relación con el desempeño. Independientemente de la forma en que los autores conceptualizan la Metacognición, un supuesto ha sido que las personas de alto rendimiento se caracterizan por una elevada actividad metacognitiva.

Entendiendo la postura de Flavell, revisada anteriormente, es importante destacar que el control de los propios procesos de pensamiento es contingente con el conocimiento que tiene el sujeto de sus destrezas o procesos cognitivos y de la habilidad para dar y darse cuenta de éstos. Se plantea que, aunque es probable que una parte de la actividad cognitiva se efectúe a un nivel no-consciente, posiblemente los sujetos más efectivos en su adaptación al medio son aquellos que tienen un mayor nivel de conciencia de sus procesos mentales, es decir tienen un nivel mayor de Metacognición (Reeve y Brown, 1985), planteamiento que acepta, implícitamente, la posibilidad de medir la Metacognición

Lo cierto es que independientemente del enfoque que distintos autores tienen en el estudio de la Metacognición, la mayoría de ellos parecen concordar en que la creciente habilidad del sujeto para controlar sus procesos cognitivos, determinaría el incremento de sus habilidades de adaptación (Alcalay y Simonetti, 1992; Bransford, 1986).

Así, desde el punto de vista de las teorías actuales, una de las predicciones más importantes es que existe una relación positiva entre metacognición y rendimiento. De esta manera, no sólo se deberían encontrar diferencias en el nivel de metacognición exhibido por individuos que rinden bien o mal en un área específica, sino que también el hecho de entrenar específicamente el componente metacognitivo debería producir un incremento en el rendimiento.( Chaigneau, S., Castillo, R. y Romero, J.C. 1998).

Sin embargo, lo cierto es que la evidencia respecto de esta predicción es en algunos casos confusa y difícil de interpretar. En apoyo a la hipótesis, y por citar sólo como ejemplo, algunas investigaciones indican que los aprendices con conciencia metacognitiva son más estratégicos y tienen mejor rendimiento que los aprendices menos conscientes (Garner y Alexander, 1989; Pressley y Ghatala, 1990). También en apoyo a la hipótesis, Vadhan y Stander encontraron una relación positiva entre calificaciones y niveles de metacognición (Vadhan y Stander ,1994)

Otras investigaciones muestran hallazgos inesperados y que, aparentemente, contradicen el supuesto de relación directa entre metacognición y desempeño. Pressley y Ghatala (1990) reportan que la conciencia cognitiva sería independiente del logro académico. En otro trabajo, el monitoreo metacognitivo apareció como independiente de la facilidad de comprensión (Leonsario y Nelson, 1990).

Por otra parte, podemos imaginar que el énfasis en las actividades metacognitivas de parte de estos investigadores genera una serie de consecuencias interesantes para la enseñanza y la evaluación del rendimiento escolar, siendo, según la literatura existente, la primera y más importante consecuencia, que algunas actividades y procedimientos metacognitivos que ayudan al alumno a resolver por sí mismo con mayor eficacia los problemas se podrían enseñar a los alumnos de manera intencional y explícita, y específicamente para cada problema, pues según la investigación existente en el tema, las actividades reguladoras son más importantes para la comprensión del problema que las definiciones cognitivas y las declaraciones conceptuales.

La segunda conclusión es que los buenos alumnos, los que logran descifrar los misterios de la enseñanza escolar y de lo que se espera de ellos, serían precisamente aquellos que logran mejorar, controlar y evaluar su actividad de aprendizaje gracias a su autoconocimiento y su motivación respecto de la materia o tarea propuesta. El alumno eficiente sería precisamente el que se autoevalúa en su actividad de aprendizaje, y sobre la base de sus limitaciones y errores es capaz de ajustar su proceso de aprendizaje (Dewey, 1989).

Al respecto, en la perspectiva pedagógica cognitiva está claro lo que significa la formación académica: avanzar en la capacidad de pensar y de decidir con autonomía sobre el mundo propio y el mundo que nos rodea. Ahora bien: ¿Cuáles experiencias educativas seleccionar? ¿Qué materiales y contenidos proponer a los alumnos?¿Cómo mejorar el aprendizaje de los alumnos?

Dewey (1989) nos ofrece algunas pistas: “No todas las experiencias de aprendizaje son verdaderas o igualmente educativas. Algunas experiencias son anti educativas, una experiencia es anti educativa cuando tiene por efecto detener o perturbar el desarrollo de experiencias posteriores. Así, las actividades y procedimientos metacognitivos se pueden enseñar a los alumnos de manera intencional y explicita y específicamente para cada problema”

Es importante destacar dos aspectos claves de este texto de Dewey: en primer lugar, la conexión ineludible que el buen maestro necesita tener siempre presente, entre la experiencia de aprendizaje particular y específico, objeto de su enseñanza, y la repercusión de fondo de ese aprendizaje sobre la formación profunda de la persona. Y en segundo lugar, la irrelevancia formativa de muchos contenidos de las materias y de los planes de estudio para la verdadera formación humana en sus aspectos cruciales de pensar, decidir y convivir.

Se plantea entonces le necesidad de una perspectiva de la pedagogía de aprender a aprender, y sobre todo de “formar actitudes como desear seguir aprendiendo” (Dewey, 1960) y desarrollar las habilidades de pensamiento de los alumnos a través de sus experiencias escolares “hasta convertirlos en pensadores competentes” (Resnick y Klopfler, 1997).

En las últimas décadas, el interés por la calidad del aprendizaje en la enseñanza universitaria se ha incrementado. Hasta muy recientemente, la mayoría de los trabajos empíricos sobre el aprendizaje autorregulado se han realizado con escolares, pero la instrucción en la escuela tradicional se caracteriza precisamente por la existencia de un fuerte control externo, en el que el maestro asume la responsabilidad de regular el aprendizaje de sus alumnos (Vermunt, 1988), limitando así la investigación sobre la autorregulación del aprendizaje. En contraste con esta situación, el contexto del aprendizaje universitario proporciona mejores condiciones para la investigación de la autorregulación, porque el control del profesor es mínimo y se espera que sea el propio estudiante el que controle sus intenciones de aprendizaje, se imponga sus propias metas, distribuya su tiempo y esfuerzo y mantenga su motivación.

Los objetivos de las enseñanzas superiores asumen, tal como en otros niveles de la enseñanza, la importancia de la autorregulación en el estudio de los estudiantes universitarios como una de las condiciones para un aprendizaje de calidad, como señalan unánimemente las teorías actuales del aprendizaje.

El aprendizaje autorregulado, en estudiantes superiores, parece estar constituido de forma importante por estrategias de tipo metacognitivas (Pintrich y Groot, 1990; Vermunt, 1995; Justicia, 1996).

La toma de conciencia, por parte del estudiante, de las distintas alternativas que se le presentan a la hora de abordar una tarea de aprendizaje y captar su contenido, constituye un factor esencial en cualquier intento de mejora del aprendizaje y un ejercicio eficiente para trascender la propia tarea, es decir, para “aprender a aprender”.

El pensamiento reflexivo ha sido puesto también en relación con el desarrollo de autorregulación en los estudiantes (Vermunt y Van Rijswijk, 1988), ya que es una base importante para que tome conciencia de su propio estilo de aprendizaje y de la función de las estrategias, y parece asegurar la persistencia y generalización en el empleo de estrategias adquiridas. Otros autores encuentran también que la reflexión es un elemento fundamental para la implicación personal y activa del sujeto en la dimensión autorregulatoria del proceso de construcción personal. En todo caso, nos parece una variable importante, que tiene que ver con el desarrollo del Metaconocimiento necesario para la autorregulación del propio aprendizaje, y que puede ser trabajada desde la enseñanza universitar

Permanentemente, los educadores procuramos renovar y mejorar nuestras prácticas. Esta búsqueda se apoya tanto en el conocimiento que emerge de la experiencia áulica como en la apropiación de conceptos provenientes de las investigaciones teóricas. En este sentido, la investigación metacognitiva propone un cambio de mirada en las prácticas pedagógicas. Es decir, que se ponga el acento tanto en los contenidos como en el modo de lograrlos, en los procesos tanto o más que en los resultados. Donde, al mismo tiempo, el promover de una manera más sistemática el desarrollo de habilidades metacognitivas por parte de los estudiantes tiene por objeto contribuir a un mejor aprendizaje.

Enfatizo, que no siendo esta una investigación particularmente novedosa, la consideramos como básica y fundamental para conseguir como futura consecuencia , aportar desde la investigación a la mejora en el rendimiento académico de nuestros estudiantes de la Carrera de Enfermería y hacer de ellos “mejores pensadores” para formar conceptos, razonar, pensar críticamente y resolver problemas, que es uno de los tópicos fundamentales en Enfermería, fomentar el “pensamiento crítico enfermero” en el Proceso de atención de Enfermería.

Con cariño, Alicia