Conflictos éticos del final de la vida…

 

Los que estamos involucrados en el área de la salud, nos asiste una gran preocupación, por el concepto que el hombre se ha formado de la vida. La bioética clínica, se encarga de estudiar aquellos dilemas éticos que surgen en el ámbito de la practica clínica de las profesiones de la salud.

El ciclo vital del ser humano comienza “in útero” hasta terminar con el final de la vida . Precisamente los dilemas bioéticos, se presentan en el inicio de la vida, y los dilemas bioéticos del final de la vida.

¿ Cuándo comienza la vida humana? La problemática se centra en dos hipotesis mas conocidas:
1.- La que plantea que la vida humana comienza en el momento de la fecundacion del ovocito y..

2.- La que propone que se inicia con la implantacion.

En torno a esta discusion, surgen nuevos dilemas que suelen encontrar diferentes respuestas de acuerdo al inicio de la vida adoptada: manipulacion embrionaria, clonacion, fertilizacion asistida, diagnostico prenatal, aborto, derechos del feto, etc.

Y en cuanto al segundo conflicto, los dilemas bioeticos del final de la vida, parten debatiendo en qué momento, termina la vida humana, confrontando los conceptos de muerte cardiorespiratoria y muerte cerebral. Muy de la mano con este debate, encontramos la discusion con respecto al transplante de organos y al consentimiento de los potenciales donantes.

El avance ha permitido, a traves de la medicina actual, prolongar la vida de pacientes terminales o añosos . Hago alusión, por poner un ejemplo, al caso de la estadounidense “Terry Schiavo” de candente discusión, el año 2005

Es importante para este tema, recordar un estudio del siglo 20, iniciado el año 1932, éste duró cerca de 40 años:

“Es el caso Tuskegee” durante este periodo, un grupo de 399 personas afroamericanas que padecían sífilis, fueron observadas con el propósito de estudiar la historia natural de esta enfermedad. La larga duración de este estudio, el momento histórico en que se inicio, la naturaleza de la enfermedad, la condición racial de las personas estudiadas y el hecho de que aun disponiéndose del tratamiento adecuado, (la penicilina fue desarrollada entre 1941 y 1943, sin embargo no fue administrada a los pacientes en estudio ) no se les proporcionara a los sujetos, hacen de este caso un “ paradigma” en la historia de la bioética.
En el año 1972, apareció un reportaje que relataba esta historia, en varios diarios del país:
Varios miembros del congreso norteamericano calificaron a este estudio como una “ pesadilla moral”. En 1974, el congreso de los Estados Unidos crea la “ Comisión Nacional para la protección de los sujetos humanos en la Investigación Biomédica y Conductual”.
Ya en 1998, la “ National Comisión” elabora el “Informe Belmont” que enuncia tres principios éticos:

1. Beneficencia :No hacer daño, a los sujetos en estudio de una investigación científica,

maximizar beneficios y minimizar riesgos.

2. Justicia :      Selección equitativa de los sujetos de la investigación. (esto por el caso mencionado,

donde los sujetos estudiados eran afroamericanos, estaba en jego el conflicto rascial).

3. Autonomía : Respeto por las personas.
En 1979, “Beauchmps y Childress” publican, “Principios de Ética Biomédica”

dando origen al “Principialismo”, o, “Enfoque Principialista”

En la actualidad, se ha modificado agregando un cuarto principio:

4.- No maleficencia :
En el presente, es el método más importante de la bioética, tanto en el área clínica, como en la investigación.

Adjunto algunas definiciones en este contexto:

No maleficencia : No hacer daño a los sujetos en estudio.

Justicia : Acceso igualitario a la atención sanitaria.
Distribución equitativa de los riesgos y beneficios.

Beneficencia : Hacer el bien, otorgar un beneficio al sujeto que está participando.

Autonomía : Capacidad para actuar de acuerdo a las elecciones propias

y de acuerdo a sus íntimas convicciones religiosas o valóricas.

De acuerdo a estas premisas, se realizan actualmente en el campo de la bioética clínica, las investigaciones científicas.

Algunos años atrás, tuvimos la experiencia de analizar el “Caso Ramon Sampedro” (05 de enero de 1943–12 de enero de 1998), este, fue el primer ciudadano en pedir en España el suicidio asistido. El impacto mediático generado por la proyección de la película “Mar Adentro”, ha supuesto un despertar de cuestiones éticas mal debatidas y poco estudiadas en nuestra sociedad.

Aquí va el desarrollo de este análisis tratado con objetividad, y con el debido respeto que toda persona se merece, por el libre albedrío que posee; sea o no correcta, su forma de ver la vida.

A continuación, planteo tres preguntas que intentaré responder:

1. ¿Qué diferencia existe entre los conceptos de eutanasia y suicidio asistido?

2. ¿Cuáles son los argumentos de Ramón Sampedro para pedir la Eutanasia?

3. ¿Cuál es mi opinión en este tema?

INTRODUCCION:

Uno de los fenómenos vitales a los que hoy hace frente, no sólo la Bioética, sino también la sociedad en su conjunto, es el proceso del Morir.
No el “hecho” de la muerte, porque aunque la muerte es un acontecimiento inevitable, los hombres no la vivimos como un hecho puro y duro, sino culturalmente interpretado.
No el “acto” de la muerte, porque salvo en contados casos, no es la muerte un acto puntual, sino un proceso que se inicia con el conocimiento de la enfermedad irreversible. En buena ley, el proceso del morir se inicia con la vida misma, y así lo entendieron quienes hicieron de ella una Meditatio mortis, pero a la Bioética se le plantea como problema cuando hace su aparición la enfermedad irreversible. Entonces no acontece la muerte, sino que se inicia un proceso cargado de interrogantes para el paciente y para cuantos le rodean; hablar sobre él está de moda en nuestra sociedad.

Las propuestas de reforma, de los códigos penales, para despenalizar las acciones médicas de asistencia al suicidio, asociaciones de la vida civil propugnan la muerte digna como un derecho, mientras otros proclaman que la vida biológica es un “valor absoluto”anterior a esto, por tanto, en dignidad a la libertad de elegir la propia muerte. Así, se multiplican los debates sobre el tema en los medios de comunicación y aumentan las publicaciones , más o menos informadas, sobre un presunto derecho a morir con dignidad.

Los asuntos éticos serán enfocados desde dos perspectivas:

Desde la perspectiva de ética de Máximos, en las que son clave las categorías del bien y autorrealización y, en el tema que nos ocupa, CALIDAD DE VIDA. Y desde el enfoque de una ética de Mínimos, construída sobre las categorías de “Norma y Justicia”.
En las primeras, se tiene siempre por último referente al Sujeto, porque es él, quien ha de decidir qué le hace feliz, en qué consiste su autorrealización , la pregunta por las normas pide respuestas UNIVERSALIZABLES, que nos introducen en el mundo de los derechos y los deberes.

La rentabilidad de un enfoque semejante en problemas bioéticos, como los que rodean al morir humano, es considerable, porque tal vez la pregunta por la moralidad del suicidio no sea tanto

“SI TIENE DERECHO UNA PERSONA A PONER TÉRMINO A SU VIDA, CUANDO DÁ A LA CALIDAD DE LA MISMA, UN VALOR INFERIOR A CERO, ES DECIR, INFERIOR A LA MUERTE”, ¿cuánto? ¿qué lugar puede tener tal acción en una vida personal que busca autorrealizarse?

Mientras que problemas como el de la Eutanasia, nos conducen necesariamente al de los Mínimos de justicia, e incluso al ámbito jurídico; se implican o comprometen al personal y a la institución sanitaria, porque entonces entramos en el terreno de salvaguardar de los derechos humanos, que deben ser legalmente protegidos.

LA MUERTE DESDE EL HORIZONTE DEONTOLOGICO:

Aplicar las claves del Deontologismo dialógico a la relación personal
sanitario/paciente implica cuando menos:

1. Tener el consentimiento informado como uno de los requisitos imprescindibles en la experimentación con humanos.

2. Dialogar con el paciente en todos los casos posibles , incluído el de los enfermos terminales, e incluido el tema de su propia muerte.

3. Percibir como problema moral, el deseo de un sujeto autónomo de poner término a una vida que tiene para él un valor inferior a la muerte.

En este último caso- la Eutanasia- conviene recordar en forma reiterada, que no es el afán de BIENESTAR SOCIAL, no es el deseo de alcanzar el mayor bienestar del mayor número, el que ha puesto sobre el tapete de las cartas éticas en relación a este tema, sino el paulatino descubrimiento de la AUTONOMIA del paciente y que tiene un acceso privilegiado a su ideal de AUTORREALIZACION , de modo que tiene un peculiar protagonismo a la hora de decidir qué entiende por calidad de vida.

En la relación entre ética y muerte, el primer problema de justicia que se plantea es práctico, y no teórico, porque desde el punto de vista teórico es totalmente claro que se trata de una inmoralidad: Consideremos los millones de muertes, de quienes no desean morir y que se producen por hambre, violencia, o por falta de asistencia en una sociedad dotada de medios suficientes para evitar tales muertes y para proporcionar a la comunidad real un nivel de vida digno, el problema ético más urgente en relación con la muerte, no es tan sólo el suicidio o la Eutanasia, sino el impedir millones de muertes involuntarias que son humanamente evitables.

LA MUERTE VOLUNTARIA
Más complejos parecen, desde el punto de vista teórico, los problemas planteados por aquellos sujetos, que experimentan sus vidas como carentes de valor y desean ponerles término, como es el caso del SUICIDIO y la EUTANASIA.

Respuestas a las preguntas planteadas

1. Diferencia entre los conceptos de eutanasia y suicidio asistido:

Creo que la principal diferencia entre ambos conceptos pasa por el “sujeto activo” de ambas acciones. Si bien, el sujeto será el paciente, la diferencia pasa por quien actúa como agente de la muerte.
En la eutanasia, la petición de la muerte es del paciente, pero quien opera tal procedimiento, será un médico o un equipo médico.
En el suicidio asistido, es el mismo paciente quien termina con su vida, con la ayuda de otra u otras personas. Nuestra legislación penaliza tal acción bajo el tipo penal de auxilio al suicidio[1].

El tema central de estos dos tipos de muerte voluntaria, puede ser visto desde dos perspectivas:
La primera, una concepción totalmente individualista y la segunda, contraria a esta, totalmente colectiva. ¿Cuál es el sentido del hombre en una sociedad? ¿simplemente satisfacer necesidades que solo no podría?,o ¿algo más allá? Creo que el hombre no solo se reúne con fines utilitaristas, sino con un fin de ser parte de la construcción de un mayor bienestar social, para eso es parte de la sociedad. La perspectiva individualista, propondrá el bienestar de cada sujeto como bien último y no de la sociedad toda; este es el punto de partida para solicitar cualquier medida que considere como parte de su bienestar, como algo bueno o aceptable para sí mismo.

2. Argumentos de Ramón Sampedro para pedir la Eutanasia:

Su lucha se podría resumir, a partir de sus “propios escritos”:

– Un ser humano que tiene una tetraplejia no puede llevar una vida plena, sino tan sólo un sucedáneo de vida, una humillante esclavitud y siente un sufrimiento, en su caso moral, que es intolerable.

– Las terapias de rehabilitación, utilización de sillas de ruedas, actividad social y otras cosas no son más que engaños de los médicos y la sociedad para llevar una vida que no es digna.

– La única salida válida es la curación. La curación es imposible. Ya no quiere ser una cabeza viva en un cuerpo muerto y llevar una vida indigna.

– La Constitución Española garantiza la dignidad a sus ciudadanos. La única solución para restaurar mi dignidad es conseguir una muerte digna.

– El Estado me debe garantizar esa dignidad, que es una muerte digna. Por lo tanto, no deberá penalizar a aquel que me ayude a morir, ya que me hallo físicamente incapacitado para realizar este acto por mi mismo, por lo tanto no estoy en igualdad de condiciones que el resto de los ciudadanos, que sí pueden disponer de su vida libremente.

3. Mi opinión sobre este tema:

Está basada, en relación a que existen diversas formas de acercarse al tema del debate sobre la muerte. En las distintas culturas puede ser hasta “tabú” que ha adquirido en la sociedad occidental, donde al parecer es muy fácil “distraerse para poder vivir como si no tuviéramos que morir”
¡Mueren los otros, no yo!
Sólo nos damos cuenta de la realidad, cuando enterramos a una persona amada. Entonces también nos planteamos que nos puede pasar a nosotros.
Desde otra perspectiva, la Constitución Política de Chile[2], reconoce el derecho a la vida y la integridad física y síquica de las personas, existiendo sobre este punto la discusión si todos los derechos amparados constitucionalmente, tienen la misma valoración.

Parte de la doctrina, toma posición (la que yo tomo), en relación a una escala de derechos constitucionalmente protegidos. Así, el derecho a la vida, primaría por sobre el derecho de la libertad de conciencia[3], partiendo del argumento que no podemos elegir ni decidir, si no tenemos la vida. En esta perspectiva, más bien jurídica, Sampedro estaría vulnerando lo que el Estado quiere proteger por sobre todo tipo de consideraciones. Es preciso recordar, que este caso es español, y lo que hacemos, no es sino extrapolar tal situación a nuestra legislación.

Se habla en tal caso de la libertad de elegir, pero debemos considerar qué efectos tendrá el operar con nuestra libertad. Tengo libertad para decidir sobre mi muerte, pues me es gravoso vivir en tal o cual condición, pero ¿tendré la libertad de dañar los sentimientos y la integridad de las personas que me rodean y aman? ¡Por supuesto que no! La libertad es por sobre todo, la elección de lo mejor para mí y para quienes me rodean. Una persona que no es libre de las condiciones y circunstancias que le rodean, difícilmente podrá hacer uso correcto de lo que es la libertad. Sampedro, estaba limitando su capacidad de elección a vivir o morir, sin considerar una tercera opción: “vivir con su tetraplejia dignamente”.

La dignidad humana no se limita a nuestros cuerpos o nuestras mentes, pues por sobre todo es la capacidad y el valor de vivir con lo que somos, sin la necesidad de considerar la muerte como una opción. Presento un ejemplo y a modo de conclusión, lo que ocurre con Stephen Hawkins, quien vive a diario con su tetraplejia, al igual que Sanpedro, pero es un aporte a la ciencia y la sociedad desde su silla de ruedas.

Quizás la mayoría respeta la decisión tomada por este hombre, aún así, no la comparto en absoluto, pues su decisión se basó en un reduccionismo dicotómico.

Considero relevante para nosotros, tratar de sistematizar las actitudes posibles ante el tema de la eutanasia:

1- Calidad de vida y derecho a una muerte digna:

Desde la postura de una ética de resultados, en que la calidad de vida y el valor del respeto a la autonomía prima cuando decide sobre la vida, tiene como correlato jurídico la legalización de la eutanasia.

2- Sacralidad de la vida e inviolabilidad de la misma:

Desde la postura ética de la convicción, el valor de la vida está por encima del valor de respeto a la autonomía y se entiende como “absoluto”, no admite exepciones; el correlato jurídico es la penalización de la eutanasia.

3- Eutanasia en casos excepcionales:

Intermedia entre las dos anteriores. Sólo se aceptaría eutanasia voluntaria en los casos en que exista una enfermedad Terminal o irreversible, que produzca un gran sufrimiento físico y psíquico en el paciente que no es sucptible de alivio y tras la petición capáz y reiterada de su parte. Desde una postura de la ética de la responzabilidad, considerando los valores de la vida y la autonomía como igualmente respetables. Sólo si fracasan todas las medidas previas se respetaría la decisión del paciente. La eutanasia es la excepción y no la norma.

En fin, todos tenemos que aprender de las nuevas fronteras de terapeútica, los médicos habrán de convencerse de que la muerte no es un fracaso de la medicina, y que tan importante como salvar la vida, es el objetivo de aliviar el dolor y el sufrimiento y facilitar una muerte en paz.
Los ciudadanos deberán acostumbrarse a no vivir de espaldas a la muerte y adoptar decisiones anticipadas, para cuando su situación les impida hacerlo personalmente, expresando, al menos, como no les gustaría morir.
Y finalmente, la sociedad deberá tomar conciencia del enorme costo que conlleva el ensañamiento terapéutico, no sólo en recursos materiales, sino en coste de oportunidad y valores intangibles como el sufrimiento humano.

Bibliografía

“Revista Médica Clínica Las Condes”, Vol.16 N°1, Enero 2005.

“Etica Aplicada y Democracia Radical”. Cortina, Adela. Editorial Tecnos

“Constitución Política de la República de Chile”

“Código Penal de la República de Chile”

“Biblia, La”. Revisión Reina-Valera 1960. Editorial Socieda

[1] Código Penal de la República de Chile, Art. 393: El que con conocimiento de causa prestare auxilio a otro para que se suicide, sufrirá la pena de presidio menor en sus grados medio a máximo, si se efectúa la muerte.

[2] Constitución Política de la República de Chile, Artículo 19 n°1

[2] Constitución Política de la República de Chile, Artículo 19 n°6

 

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